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Los chiles en nogada son uno de los platillos más representativos de la gastronomía mexicana. Tradicionalmente se les relaciona con la consumación de la Independencia de nuestro país, los colores de nuestra bandera  y el convento de monjas de Santa Mónica en Puebla.

El platillo consta principalmente de un chile poblano relleno de picadillo de carne de res y puerco, todo ello mezclado con fruta  y por supuesto la nogada, o salsa de nuez de castilla la cual es adornada con semillas de granada.

La tradición oral, así como algunas fuentes documentales indican que el origen de los chiles en nogada, se remonta al 24 de agosto de 1821, en el Convento Santa Mónica en Puebla, donde las monjas idearon el platillo para agasajar a Agustín de Iturbide, quien además de que en ese entonces había logrado la firma de los Tratados de Córdoba, festejaba su onomástico.

En un dato anecdótico, se cuenta que el  controvertido y a la postre primer emperador de México. Agustín I, en su paso por la capital poblana rumbo a la Ciudad de México al recibir el banquete en su honor, se negó a probar cualquier plato del menú por temor a ser envenenado. Aunque al mirar los chiles en nogada, no pudo resistirse.

No obstante, fuentes académicas han rastreado el origen de la receta hacia el siglo XVIII en el mismo estado de Puebla, pero en otros conventos y recetarios de familias de la zona.

Con el paso de los años, los chiles en nogada se convirtieron en representación indispensable de nuestra cocina alrededor del mundo, y sin duda, símbolo de nuestros antojos durante agosto y septiembre.

En Cantina La No. 20, puedes disfrutar nuestras versiones de este platillo todo el año, y por supuesto en esta temporada. ¿Te vas a resistir?